la guía y la perdición؛ elegir entre un sendero recto y uno equivocado

Sáb, 06/01/2019 - 13:56
El camino recto

Los actos y el proceder del hombre tienen siempre resultados, efectos y consecuencias especiales. Como ejemplo de esto podemos decir que si el proceder es bueno, su resultado será una mayor visión, mayores logros y una mejor guía hacia Dios y hacia la realización de actos mejores.
Un testigo a esto es la siguiente aleya de la sura Al Amzal: “… Si teméis a Dios (cuidando de no desobedecerlo), Él os concederá un criterio (una inteligencia aguda o un instrumento para distinguir la verdad de lo falso)...“. (8:29)
Y si realiza malos actos, incrementará la oscuridad de sus corazones y será atraído para realizar más faltas. Incluso a veces llegará a negar a Dios. Un testigo de esto es la siguiente aleya que dice: “Y el fin de los que obraron mal fue el peor, porque desmintieron los signos de Dios y se burlaron de ellos“. (30:10)
Y en la sura As Saf leemos: “Y cuando se desviaron (de la verdad), Dios desvió sus corazones“. (61:5)
En la aleya en cuestión encontramos un argumento al respecto, donde dice: “Pero (Dios) no extravía así sino a los perversos (los que cometen malas acciones)“.
Por lo tanto, desde un principio elegir un buen o mal camino se encuentra en nuestra decisión. La conciencia de cada persona es capaz de reconocer esta verdad. Por lo tanto tendremos que estar en espera de los resultados naturales de esta decisión.
En resumen, la guía y la perdición mencionadas en el Corán aluden a la posibilidad de elegir entre un sendero recto y uno equivocado. No son asuntos impuestos por la fuerza. En numerosas aleyas coránicas se presenta la “hidaiat“ (la guía) como la reunión de los medios para la felicidad, y la “idlal“ (la perdición) como la culminación de los terrenos fértiles sin que ninguna de las dos sean asuntos obligados (predeterminados, impuestos por la fuerza) para el hombre.
Y este asunto de reunir medios (que llamamos “éxito“), o terminar con los medios (que llamamos “privar del éxito“), es el resultado de las acciones realizadas por los mismos hombres, las que llevan consigo tales consecuencias.
Entonces si Dios otorga a algunos el éxito o priva a otros de éste, en realidad es una consecuencia directa de lo que ellos mismos hacen. Podemos despejar esta verdad con un ejemplo simple. Cuando un hombre pasa cerca de un barranco o de un río peligroso, mientras más se acerque a éste sus pasos estarán más inseguros, la posibilidad de que caiga será mayor y menor la probabilidad de que se salve; y en tanto se aleje más de éste, sus pasos estarán más fuertes y seguros, y el riesgo de que se desbarranque será menor.  Esta segunda es llamad “guía“ y la primera “perdición“.
De todo lo arriba mencionado, se deduce claramente la respuesta para aquellos que critican y rechazan las aleyas de la guía y la perdición.

tolidi: 
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